Celebración Jueves Santo (institución de la Eucaristía)
Guía de homilía (Pbro. Lic. René Pérez Montiel)
Hoy recordamos aquel primer Jueves Santo de la historia, en
el que Jesucristo se reúne con sus discípulos para celebrar la Pascua. Entonces
inauguró la nueva Pascua de la nueva Alianza (Éxodo 12, 1-8. 11-14), en
la que se ofrece en sacrificio por la salvación de todos.
1 1) La institución de la Eucaristía como
memorial de la “alianza nueva y eterna” (1 Cor 11, 23-26) y la institución del
sacerdocio ministerial
En la Santa Cena, al mismo tiempo que la Eucaristía, Cristo instituye el sacerdocio ministerial. Mediante éste, se podrá perpetuar el sacramento de la Eucaristía. El prefacio de la Misa Crismal nos revela el sentido: «Él elige a algunos para hacerlos partícipes de su ministerio santo; para que renueven el sacrificio de la redención, alimenten a tu pueblo con tu Palabra y lo reconforten con tus sacramentos»
2) Y aquel mismo jueves, Jesús nos da el mandamiento del amor (Jn 13, 1-15)
«Ámense unos a otros como yo los he amado» (Jn 13,34).
Antes, el amor se fundamentaba en la recompensa esperada a cambio, o en el
cumplimiento de una norma impuesta. Ahora, el amor cristiano se fundamenta en
Cristo. Él nos ama hasta dar la vida: ésta ha de ser la medida del amor del
discípulo y ésta ha de ser la señal, la característica del reconocimiento
cristiano.
Pero, el hombre no tiene capacidad para amar así. No es simplemente fruto de un esfuerzo, sino don de Dios. Afortunadamente, Él es Amor y —al mismo tiempo— fuente de amor, que se nos da en el Pan Eucarístico.
3) Finalmente, hoy contemplamos el lavatorio de los pies (Jn 13, 1-15)
En actitud de siervo, Jesús lava los pies de los Apóstoles,
y les recomienda que lo hagan los unos con los otros (cf. Jn 13,14). Hay algo
más que una lección de humildad en este gesto del Maestro. Es como una
anticipación, como un símbolo de la Pasión, de la humillación total que sufrirá
para salvar a todos los hombres.
Jesucristo es auténticamente humilde. Ante este Cristo
humilde nuestros moldes se rompen. Jesucristo invierte los valores meramente
humanos y nos invita a seguirlo para construir un mundo nuevo y diferente desde
el servicio.

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