Pbro. Lic. René Pérez Montiel
LAS PRUEBAS
DE LA RESURRECCIÓN
Hech 3, 13-15. 17-19; Sal
4; 1 Jn 2, 1-5; Lc 24, 35-48
Para resolver estas
dificultades, Lucas a escrito este episodio. Lo dice claramente, “después de
haber investigado diligentemente” (Lc 1,3):
1)
El episodio que hoy meditamos acontece por la tarde del mismo día
de la Pascua.
a.
Mientras los Apóstoles y los otros discípulos estando reunidos
hablaban y comentaban de los acontecimientos: “se presentó en medio de ellos”.
b.
El ánimo de ellos: “desconcertados”, “llenos de temor”, “creían
ver un fantasma”.
c.
El saludo que Jesús les
hace: “la paz esté con ustedes”. El Resucitado trae verdaderamente la
paz y la dona a sus discípulos.
2)
En segundo lugar, les asegura que es Él en carne y hueso y no un
fantasma, una alucinación o una ficción, es decir, una superstición: “Tóquenme
y convénzanse”. “No teman; soy yo”. “Miren mis manos y mis pies (que
portan las huellas de mis clavos). “Soy yo en persona”. Y para dar una prueba
aún más convincente se hace servido pescado asado y “se puso a comer delante
de ellos”.
3)
Dudas y perplejidades desaparecerán de la mente de los Apóstoles,
después de haber tenido las pruebas, una “grande alegría” invadió sus
corazones.
APLICACIÓN DE LA
PALABRA DE DIOS A LA VIDA:
¿En qué apoyas
tu fe? ¿En supersticiones o en la verdad? ¿Has estudiado e investigado
diligentemente? Dudar nunca será una ofensa para Dios sino un camino para
encontrar la verdad. Lo que es una ofensa a Dios es propiciar la ignorancia, el
error y construir una religión sólo por la opinión de las personas. Es una
ofensa decir, que cada uno crea en el dios que quiera y como quiera. El
relativismo, el subjetivismo, la simple opinión, y reducir los valores a cada
uno, es un error. La verdadera religión nace de la relación con Dios y la
búsqueda de la verdad. El conocimiento de Dios y las exigencias que nacen de
ese conocimiento. Ahí donde hay fe, pero no vives comprometido y no hay
contenido de fe, no hay verdadera fe y religión.
El mismo Jesús
presenta la Escritura como fuente y testimonio de la verdad: “Está escrito
que el Mesías tenía que padecer y había de resucitar al tercer día”.
1) Para comprender el sentido
de esta interpretación de la Escritura y aceptarla es necesario que el mismo
Jesús pascual, la clave de todas las Escrituras, abra nuestra inteligencia.
2) Y nos convierta en
verdaderos testigos gozosos y no discípulos temerosos protegidos
por “puertas cerradas”. Nos convierta en Testigos, que creen en la fuerza del
amor, fuerza del amor que hace nuevo lo es viejo y llama de la muerte a la
vida.
3) Ya basta. No reduzcas tu fe
a las misas y piedad digitalmente en este tiempo de pandemia, busca la comunión
sacramental y la confesión para que recibas la fuerza de Cristo.
4)
Jesús se tiene que convertir en verdadero alimento espiritual para
tu vida, no basta sólo el simple deseo, tiene que convertirse en realidad. No
es lo mismo desear comer, que comer; no es lo mismo desear beber, que beber.
Detrás de una pantalla jamás podrás recibir el alimento que se prepara y puede
ser siempre para ti, si estás presente.

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