domingo, 28 de marzo de 2021

Homilía de Domingo de Ramos

 

Algunos puntos por considerar:

 

1)    En primer lugar, las palabras de San Pablo en la segunda lectura: Cristo «a pesar de su condición divina» se despojó de todos sus atributos divinos y se convirtió «en uno de tantos». Es decir: que fue como tú y como yo, y al ser "semejante a los hombres", tuvo que ir descubriendo su camino, su proyecto, la «voluntad del Padre» para él. Progresivamente tuvo que buscar, no pocas veces entre dudas y oscuridad, y tomar decisiones. Su «lucha/agonía» en Getsemaní fue muy real: «terror y angustia». Su camino no era ni fácil ni evidente. Tenía que discernir. Sintió como su proyecto del Reino había fracasado ante las autoridades religiosas, ante el Pueblo al que tan intensamente se había dedicado, ante sus propios discípulos... e incluso sintió el silencio y el abandono de Dios. Precisamente las únicas palabras que Marcos nos ha guardado de Jesús en la cruz dicen: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». Un grito desgarrador que nos revela los sentimientos profundos de su dolor hasta la cruz. 

 

2)    En segundo lugar: consideremos las razones históricas de la condena y de la muerte descritas por el evangelista: Jesús y su proyecto del Reino estorban a las autoridades religiosas, que lo tachan de blasfemo, de intentar alterar sus ideas religiosas, sus interpretaciones de las Escrituras, y sus «cargos» de poder. El Pueblo, por su parte, esperaba a alguien que les solucionara sus problemas concretos de todo tipo... Y lo aclaman a su entrada en Jerusalén y le gritan «Hosanna» (=que Dios tenga piedad y nos salve). Pero al verse decepcionados por este «Hijo de David», que llega en un humilde burro, y en actitud pacífica... acaban prefiriendo la libertad de un criminal, que la de un justo inocente, dejándose manipular por las autoridades. Políticos, como Pilato, lo que quieren es «dar gusto a la gente» y evitarse problemas y responsabilidades. Y con respecto a sus discípulos, tienen miedo, se duermen, huyen, le traicionan, se esconden, se desaparecen.

 

3)    Por último, consideremos lo siguiente: no podemos asistir a los acontecimientos de la Semana Santa del Señor como «espectadores» de una historia que ocurrió hace dos milenios, y sobrecogernos y asombrarnos de todo lo que le pasó al Hijo de Dios... sin dejarnos afectar personalmente. Repasar y revivir la Pasión del Hijo de Dios tiene que servir para que reaccionemos y nos indignemos por tantos «hijos de Dios» que viven HOY similares circunstancias, y que también son eliminados, maltratados, humillados, discriminados, silenciados... por oscuros intereses de todo tipo. Basta que observemos con detenimiento y honestidad crítica y objetiva, desde la universalidad de los valores y de las convicciones, las nuevas leyes que política y económicamente se van imponiendo a favor de corrientes ideológicas permisivas y perversas como la ideología de género y las falsas libertades humanas, que tanto empiezan a dañar y a desestructurar a las familias. Aquella historia del Hijo de Dios está hoy muy viva y es muy actual, y debemos tener mucho cuidado... para no ser sus nuevos protagonistas: nuevos Pilatos, nuevas autoridades, nuevas gentes manipuladas, nuevos discípulos cobardes, etc. etc. No es coherente que nos conmocionen las heridas, las caídas, los latigazos, y todo lo demás que tuvo que soportar Jesús... por ser quien era... y dejar en el olvido que él fue «uno de tantos» que corren hoy su misma suerte. 

 


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