Algunos puntos por considerar:
1)
En primer lugar, las palabras de San Pablo en la
segunda lectura: Cristo «a pesar de su condición divina» se
despojó de todos sus atributos divinos y se convirtió «en uno de tantos».
Es decir: que fue como tú y como yo, y al ser "semejante a los
hombres", tuvo que ir descubriendo su camino, su proyecto, la «voluntad
del Padre» para él. Progresivamente tuvo que buscar, no pocas veces entre dudas
y oscuridad, y tomar decisiones. Su «lucha/agonía» en
Getsemaní fue muy real: «terror y angustia». Su camino no era
ni fácil ni evidente. Tenía que discernir. Sintió como su proyecto
del Reino había fracasado ante las autoridades religiosas, ante el Pueblo al
que tan intensamente se había dedicado, ante sus propios discípulos... e
incluso sintió el silencio y el abandono de Dios. Precisamente las únicas
palabras que Marcos nos ha guardado de Jesús en la cruz dicen: «Dios
mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». Un grito desgarrador que
nos revela los sentimientos profundos de su dolor hasta la cruz.
2)
En segundo lugar: consideremos las razones históricas
de la condena y de la muerte descritas por el evangelista: Jesús y su proyecto
del Reino estorban a las autoridades religiosas, que lo tachan de blasfemo, de
intentar alterar sus ideas religiosas, sus interpretaciones de las Escrituras,
y sus «cargos» de poder. El Pueblo, por su parte, esperaba a alguien que les
solucionara sus problemas concretos de todo tipo... Y lo aclaman a su entrada
en Jerusalén y le gritan «Hosanna» (=que Dios tenga piedad y
nos salve). Pero al verse decepcionados por este «Hijo de David», que
llega en un humilde burro, y en actitud pacífica... acaban prefiriendo la
libertad de un criminal, que la de un justo inocente, dejándose manipular por
las autoridades. Políticos, como Pilato, lo que quieren es «dar gusto a la
gente» y evitarse problemas y responsabilidades. Y con respecto a sus
discípulos, tienen miedo, se duermen, huyen, le traicionan, se esconden, se
desaparecen.
3)
Por último, consideremos lo siguiente: no podemos
asistir a los acontecimientos de la Semana Santa del Señor como «espectadores»
de una historia que ocurrió hace dos milenios, y sobrecogernos y asombrarnos de
todo lo que le pasó al Hijo de Dios... sin dejarnos
afectar personalmente. Repasar y revivir la Pasión del Hijo de Dios tiene que
servir para que reaccionemos y nos indignemos por tantos «hijos de Dios»
que viven HOY similares circunstancias, y que también son eliminados, maltratados,
humillados, discriminados, silenciados... por oscuros intereses de todo tipo. Basta
que observemos con detenimiento y honestidad crítica y objetiva, desde la
universalidad de los valores y de las convicciones, las nuevas leyes que
política y económicamente se van imponiendo a favor de corrientes ideológicas
permisivas y perversas como la ideología de género y las falsas libertades
humanas, que tanto empiezan a dañar y a desestructurar a las familias. Aquella
historia del Hijo de Dios está hoy muy viva y es muy actual,
y debemos tener mucho cuidado... para no ser sus nuevos protagonistas: nuevos
Pilatos, nuevas autoridades, nuevas gentes manipuladas, nuevos discípulos cobardes,
etc. etc. No es coherente que nos conmocionen las heridas, las caídas, los
latigazos, y todo lo demás que tuvo que soportar Jesús... por ser quien era...
y dejar en el olvido que él fue «uno de tantos» que corren hoy
su misma suerte.

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