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La
Divina Misericordia (2º Domingo
de Pascua)
Hech 4,32-35; Sal 17 71; 1 Jn 5, 1-6; Jn 20,19-31
La Divina
Misericordia es la manifestación amorosa de Dios en una historia herida por el
pecado. “Misericordia” proviene de dos palabras: “Miseria” y “Cor”.
Jesucristo,
muerto y resucitado, es la suprema manifestación y actuación de la Divina
Misericordia. «Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito» (Jn
3,16) y lo ha enviado a la muerte para que fuésemos salvados.
Por la fe
y la conversión acogemos el tesoro de la Divina Misericordia.
Tres elementos:
1)
Recibimos de Jesús el Espíritu Santo,
2)
El encargo ser ministros del perdón y
3)
el mandato de evangelizar que no está bajo potestad de
ninguna institución humana sino del mismo Jesús Nuestro Señor.
El modo concreto de ser misericordioso:
1) los que habían creído tenía un solo corazón y una sola alma; todo lo poseían en común y nadie consideraba suyo nada de
lo que tenía.
2)
Brilla la
misericordia divina en su manera de acoger también a quienes tienen
dudas o son escépticos.


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