Texto del Evangelio (Jn 13,21-33.36-38): Estando Jesús
sentado a la mesa con sus discípulos, se turbó en su interior y declaró: «En
verdad, en verdad les digo que uno de ustedes me entregará».
Hoy
aparece la figura del traidor que entregará a Jesucristo. Es admirable la
caridad del Señor: sabe perfectamente quién es, y en la cena lo denuncia
discretamente, pues los otros ni se dieron cuenta. Judas sí que captó el
mensaje. Era una oportunidad para rectificar, pero no lo hizo. «¡Era de noche!».
Siempre es de noche cuando
uno se aleja del que es «Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero. San
Agustín describe el pecado como «un amor a sí mismo hasta el desprecio de
Dios». Afortunadamente, el pecado no es la última palabra. Ésta es la
misericordia de Dios.
La Semana Santa es la
ocasión propicia. En la Cruz, Cristo tiende sus brazos a todos. Nadie está excluido.
Todo ladrón arrepentido tiene su lugar en el paraíso.
—Así, pues, Jesús sabía lo que se tramaba: podía
haber esquivado todo aquello. Sin embargo, Él vino al mundo para entregarse por
nosotros, con toda libertad. Cristo en la Cruz: no es una derrota; es un
sacrificio aceptado voluntariamente.

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